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Para saber más, vuelve a ver nuestro reportaje en directo desde la COP30.
Puntos clave:
Desde el principio hasta el último momento, la COP30 fue dramática: inundaciones, incendios, evacuaciones y constantes rumores de colapso asolaron las dos semanas que duró la conferencia.
Incluso la reunión final se detuvo durante más de una hora mientras el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, consultaba a sus abogados.
Pero, ¿por qué esta cumbre de la ONU sobre el clima ha sido tan divisiva? ¿Qué se logró? ¿Y, a fin de cuentas, valió la pena?

Cada año, las Naciones Unidas celebran una cumbre de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) de 1992 para evaluar los avances, negociar nuevas estrategias y tomar decisiones para combatir la crisis climática.
La Conferencia de las Partes (COP) de este año fue la trigésima reunión de este tipo, de ahí COP30, también conocida como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2025.
La CMNUCC cuenta con 198 países partes, pero no todos asistieron a la COP30. En particular, Estados Unidos se abstuvo ―una bendición o un obstáculo, según a quién se le pregunte.
La COP30 fue organizada por Brasil y tuvo lugar del 10 al 21 de noviembre en la ciudad de Belém, situada en la selva amazónica, en el norteño estado de Pará.
Antes del inicio de la cumbre, Brasil también acogió una cumbre de líderes con jefes de Estado los días 6 y 7 de noviembre.
La primera semana de la COP30 consistió principalmente en negociaciones técnicas en las que los delegados intentaron ponerse de acuerdo sobre los proyectos de texto que los ministros aprobarían posteriormente.
La segunda semana fue la de “alto nivel”, en la que los ministros tomaron el relevo para redactar el acuerdo final.
Este año también se cumplen 10 años del histórico Acuerdo de París y cuatro grandes temas dominaron las conversaciones: una hoja de ruta para la transición de los combustibles fósiles, la insuficiencia de los compromisos existentes, triplicar la financiación de la adaptación y las restricciones climáticas al comercio.
A pesar del dramatismo, la COP30 concluyó con un acuerdo, lo que puede considerarse un éxito en sí mismo dado el estado actual de la política mundial.
“En un año en el que la polarización podría haber congelado fácilmente las conversaciones, el simple hecho de que los países se hayan movido es una prueba de que el multilateralismo no ha muerto”, afirma Natalie Unterstell, presidenta del Instituto Talanoa y miembro del Consejo de Adaptación de la COP30.
Sin embargo, las reacciones a los resultados fueron diversas, y muchos se sintieron decepcionados por algunas de las cuestiones clave.
“A medida que la COP30 se acerca a su fin, debemos reconocer una realidad desoladora: las conversaciones, celebradas en el corazón de la Amazonía, se quedaron cortas a la hora de tomar las decisiones ambiciosas sobre la naturaleza y el clima que el mundo necesita urgentemente”, afirma James Lloyd, director de la organización Nature4Climate Coalition.
Hemos reunido algunos de los temas más importantes (y espinosos) que han salido de Belém para que puedas decidir por tí mismo.

El tema más polémico de las conversaciones fue la inclusión de una hoja de ruta para “abandonar los combustibles fósiles en los sistemas energéticos”, un objetivo acordado hace dos años en la COP28.
Sin embargo, nunca se llegó a un acuerdo sobre cómo o cuándo ocurriría esto, razón por la cual el Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva propuso dicha hoja de ruta durante la cumbre de líderes.
Aunque no figuraba en el orden del día oficial, la hoja de ruta fue cobrando fuerza a medida que avanzaban las conversaciones.
Al final de la COP30, más de 80 países la respaldaban, pero finalmente fueron derrotados por una coalición de países productores y dependientes del petróleo, entre los que destacaba Arabia Saudí.
El resultado fue un texto que no ofrecía un camino claro para cumplir la promesa de la COP28 y que no mencionaba en absoluto los combustibles fósiles.
“El texto del Mutirão [nombre de la decisión final de la COP30] carece de referencias explícitas a la causa principal de la crisis climática ―ya sea la eliminación progresiva o la transición― y corre el riesgo de convertirnos a todos en tontos fósiles”, afirma Clare Shakya, directora mundial de clima de The Nature Conservancy.
La COP30, celebrada en la Amazonía, fue anunciada como la “COP de la selva tropical”, con grandes esperanzas de que se elaborara una hoja de ruta para acabar con la deforestación.
Hace cuatro años, en la COP26, más de 130 Partes se comprometieron a detener y revertir la deforestación para 2030, pero no estamos en vías de cumplir este objetivo.
El primer borrador del texto de decisión final, que se titulaba ” Mutirão Global” y esbozaba los principales temas de la COP30, incluía un texto opcional sobre una hoja de ruta contra la deforestación.
Sin embargo, en el segundo borrador se eliminó cualquier mención a una hoja de ruta para acabar con la deforestación, y siguió ausente en la decisión final a pesar del apoyo de más de 90 países.
A diferencia de los combustibles fósiles, la deforestación se menciona brevemente en el texto principal, lo que podría considerarse un paso en la dirección correcta, pero que sigue estando muy por debajo de las expectativas.
“La ausencia de una hoja de ruta para eliminar la deforestación antes de 2030 representa una de las derrotas más significativas de esta COP, desperdiciando una oportunidad única para consolidar el liderazgo y el compromiso mundial en torno a los bosques”, afirma Heitor Dellasta, economista del Conservation Strategy Fund y coordinador de políticas de la Global Youth Biodiversity Network.
En un éxito relativo, los países del Norte Global acordaron un texto que “pide esfuerzos” para triplicar la financiación de la adaptación de aquí a 2035.
Este lenguaje más bien débil pretende aumentar la financiación que darán a los países del Sur Global para ayudarles a adaptarse a los efectos de la crisis climática.
Las Partes ricas de la COP30, especialmente la Unión Europea, se opusieron a triplicar la financiación de la adaptación, pero finalmente acordaron 120.000 millones de dólares anuales para 2035, cinco años más tarde de lo que sugería el primer borrador.
“El compromiso de triplicar la financiación de la adaptación es débil, vago y llega trágicamente tarde”, afirma Fanny Petitbon, jefa del equipo de Francia de 350.org.
“Cuando los ciclones y las sequías golpean ahora, una fecha límite de 2035 es una broma cruel”.
Esta suma recién acordada formará parte del objetivo de 300.000 millones de dólares anuales que los países del Norte Global prometieron en la COP del año pasado, y no una adición, como esperaban muchos países del Sur Global.

Muchos grupos también se mostraron satisfechos de que el acuerdo incluyera un “mecanismo de transición justa”.
Una transición justa garantiza que se ayude a los trabajadores de industrias contaminantes a encontrar nuevos empleos más limpios a medida que los países abandonan los combustibles fósiles, asegurándose de que nadie se quede atrás.
Según los organizadores de la COP30, la iniciativa acordada en Belém “mejorará la cooperación internacional, la asistencia técnica, el desarrollo de capacidades y el intercambio de conocimientos” para garantizar una transición justa.
Sin embargo, no se asignaron fondos específicos para esta transición, ni se mencionó la explotación vinculada a los minerales críticos que se utilizan en la transición ecológica.
La decisión final “Mutirão Global” también incluyó un acuerdo para revisar el comercio, algo inédito en una COP sobre el clima.
Los países acordaron tres “diálogos” anuales sobre comercio, el primero de los cuales se celebrará el próximo mes de junio.
El acuerdo también “reafirmó” que las medidas climáticas, incluidas las “unilaterales”, no deben crear restricciones comerciales arbitrarias o discriminatorias.
Muchos países presentes en la COP30, especialmente China e India, se opusieron enérgicamente a lo que denominaron “acuerdos comerciales unilaterales”, alegando que estas medidas perjudican a los países del Sur Global bajo la apariencia de política climática.
Esta censura se dirigía principalmente al próximo Mecanismo de Ajuste de las Fronteras del Carbono (CBAM) de la UE.
El CBAM es un régimen arancelario concebido para poner precio a los bienes intensivos en carbono ―como el hormigón, la electricidad y el acero― que ingresan al mercado de la UE y entrará en vigor en 2026.
La UE ha mantenido que el CBAM es una herramienta climática, no una medida comercial, y ha rechazado las peticiones de exenciones.
“El CBAM forma parte de nuestra caja de herramientas climáticas para garantizar que las emisiones no se escapen de la Unión Europea”, declaró en rueda de prensa Wopke Hoekstra, responsable de la política climática de la UE.
“El mejor CBAM es el que no gana dinero”.
Otro resultado positivo fue la adopción de un nuevo plan de acción en materia de género.
El plan esboza un marco para aplicar medidas climáticas con perspectiva de género e indicadores para medir los avances.
Incluye cinco áreas prioritarias:
Al principio de las negociaciones hubo mucho debate sobre el lenguaje del plan de género.
Varias partes, como Argentina, Paraguay y el Vaticano, insistieron en una definición binaria del género, lo que, según los críticos, era una táctica de distracción destinada a paralizar las negociaciones.

Todas las Partes de la CMNUCC debían presentar antes de la COP30 sus planes individuales de reducción de emisiones y adaptación a la crisis climática, también conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC).
Sin embargo, no todas lo hicieron, y las NDC que se presentaron no son suficientes para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, como estipula el Acuerdo de París.
El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): Off Target, publicado justo antes de la COP30, concluye que incluso si todas las NDC se aplican en su totalidad, todavía estamos en camino a alcanzar entre 2,3 y 2,5 grados centígrados este siglo.
Un informe independiente de Climate Action Tracker sitúa esa cifra en 2,6 grados.
“Aunque los planes climáticos nacionales han logrado algunos avances, no han sido ni de lejos lo bastante rápidos, por lo que seguimos necesitando recortes de emisiones sin precedentes en un plazo cada vez más ajustado”, declaró Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, en un comunicado.
Para abordar esta cuestión, el acuerdo final de la COP30 incluyó un “acelerador de la implementación global”, una iniciativa voluntaria que anima a los países a cumplir y superar sus NDC para mantener el objetivo de 1,5 grados “a su alcance”. Se revisará en la COP31 del año que viene.
El texto acordado también pide a los países que garanticen la “plena aplicación de las NDC, al tiempo que se esfuerzan por hacerlo mejor”.
Aunque técnicamente no es un resultado de la COP30, el lanzamiento del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés) en la cumbre de líderes fue una parte importante de las conversaciones generales de Belém.
El TFFF es un mecanismo dirigido por Brasil cuyo objetivo es compensar a los países por preservar los bosques tropicales.
Prevé recaudar 25.000 millones de dólares de “gobiernos patrocinadores”, que se espera atraigan luego otros 100.000 millones de inversionistas privados.
Este fondo de 125.000 millones de dólares se invertirá en mercados emergentes, y los beneficios se utilizarán para pagar a los países boscosos por hectárea de bosque en pie, siempre que alcancen determinados objetivos de deforestación.
El lanzamiento se topó con un obstáculo inicial cuando el Reino Unido, que había participado en el diseño del fondo, anunció que no contribuiría a él.
El TFFF también ha sido objeto de duras críticas por parte de algunas organizaciones de la sociedad civil, que lo consideran inadecuado o perjudicial para el progreso real.
Otros, como Greenpeace, han adoptado un enfoque más equilibrado, calificándolo de “paso en la dirección correcta”.

Las últimas conferencias de la ONU sobre el clima se han celebrado en países donde las protestas están muy restringidas, pero en Belém salieron a la calle con fuerza.
La Cumbre de los Pueblos es un espacio para “aquellos que menos han contribuido a la crisis climática pero que más sufren sus efectos” y que a menudo son excluidos de la propia COP.
Se celebró paralelamente a la COP oficial, del 12 al 16 de noviembre, y atrajo a más de 25.000 participantes, el mayor número desde que comenzó en 1992.
Esto culminó en una marcha por la justicia climática de 70.000 personas, también la mayor manifestación de este tipo en una COP sobre el clima.
La COP oficial también sintió la presencia de la sociedad civil, con activistas que traspasaron las líneas de seguridad y entraron en la restringida Zona Azul al principio de las conversaciones.
A finales de semana, un centenar de manifestantes indígenas bloquearon una de las entradas del recinto, exigiendo hablar con el Presidente brasileño Lula. A lo largo de la COP30 continuaron otras manifestaciones.
Tras las manifestaciones, el Secretario Ejecutivo de la CMNUCC, Simon Stiell, exigió más seguridad y posteriormente fue acusado en una carta abierta de instigar la represión de los manifestantes, especialmente de los pueblos indígenas.
Hubo mucho descontento con el acuerdo final, y Colombia se quejó de que no se escucharan sus objeciones antes de que se aprobara el texto definitivo.
Como resultado, el Presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, prometió que la cuestión de un lenguaje más contundente en torno a la eliminación de los combustibles fósiles podría abordarse en una reunión intermedia de la COP dentro de seis meses.
Como era de esperar, los países productores de petróleo, como Arabia Saudí, se opusieron.
Do Lago también anunció dos “hojas de ruta de la Presidencia”: una para abandonar los combustibles fósiles y otra para detener y revertir la deforestación de aquí a 2030.
Los resultados de ambas hojas de ruta se comunicarán en la COP31.
Marina Silva, ministra brasileña de Medio Ambiente y Cambio Climático, dijo que esta era la respuesta de la presidencia al no haber abordado estas dos polémicas cuestiones en la decisión principal del “Mutirão”, según el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible.
A pesar de no formar parte del acuerdo propiamente dicho, algunos los consideran un paso en la buena correcta.
“Es increíble ver tantos avances al margen de las negociaciones, desde el lanzamiento del Fondo para Bosques Tropicales para Siempre hasta la Declaración Conjunta de Belém sobre las Convenciones de Río y las hojas de ruta sobre combustibles fósiles y deforestación”, afirma Cathy Yitong Li, responsable de política climática y energética global de BirdLife International.
Por último, la COP30 nos trajo al anfitrión de la COP31: Turquía.
Australia también competía por la cumbre, pero alcanzó un compromiso por el que asumirá el papel de vicepresidente de la COP31 y “presidente de las negociaciones”.
La conferencia se celebrará en noviembre de 2026 en la ciudad turística de Antalya, a orillas del Mediterráneo.
Como parte del acuerdo, también se celebrará una cumbre previa a la COP en el Pacífico, un detalle importante para Australia, cuyo motivo “siempre ha sido elevar los puntos de vista y los intereses de nuestros hermanos y hermanas del Pacífico”, declaró el ministro del clima del país, Chris Bowen.
Mientras que los derechos de organización de la COP31 se disputaron ferozmente hasta el último minuto, ya se había acordado el anfitrión de la COP32.
Etiopía dirigirá las conversaciones de 2027 en su capital, Addis Abeba, derrotando la candidatura de Nigeria.
La COP31 no es la única conferencia que habrá que seguir el año que viene. Colombia ha anunciado que acogerá la primera conferencia internacional sobre la eliminación progresiva de los combustibles fósiles el próximo mes de abril, en colaboración con los Países Bajos.
La conferencia, que se celebrará los días 28 y 29 de abril de 2026 en Santa Marta (Colombia), pretende trabajar en paralelo a la CMNUCC para avanzar en la cooperación internacional en la transición hacia el abandono de la extracción de combustibles fósiles.
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