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La agricultura es responsable de más del 11% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. También es el principal factor de pérdida de biodiversidad terrestre y degradación del suelo.
La ganadería, por su parte, es responsable de cerca de la mitad de estas emisiones, así como del 40% de toda la deforestación.
Estos impactos negativos exigen la adopción de métodos de producción de alimentos más sostenibles, como la agricultura regenerativa y el pastoreo regenerativo.
Este último es una solución de primera línea para los pastizales: ecosistemas dominados por hierbas, arbustos o matorrales que suelen ser inadecuados para la agricultura pero se utilizan para el pastoreo del ganado.
A pesar de sus condiciones generalmente secas y duras, los pastizales son el sustento de unos 2.000 millones de personas. Se calcula que 1.000 millones de animales en todo el mundo se crían en pastizales y producen el 10% de la carne mundial.
Pero, ¿qué es el pastoreo regenerativo y qué oportunidades y retos presenta para los pastizales del mundo? Hablamos con Joshua Laizer, cofundador de Tanzania Conservation and Community Empowerment Initiative (TACCEI) y GLFx Maasai Steppe, para averiguarlo.

En términos generales, el pastoreo regenerativo es un enfoque de gestión de la tierra diseñado no sólo para gestionar el ganado de forma sostenible, sino también para restaurar y mejorar la calidad del suelo, la salud del ganado, la biodiversidad y los medios de vida locales.
“Es el mismo sistema tradicional, pero con otros aspectos o contenidos”, explica Laizer.
Laizer, pastor maasai, coordina programas de restauración de pastizales en África Oriental y trabaja con AfriScout y redes locales para restaurar tierras degradadas y apoyar a las comunidades de pastores combinando las tradiciones indígenas de pastoreo con prácticas modernas de regeneración.
Esto significa centrarse en gran medida en la restauración. A diferencia del pastoreo tradicional, cuyo objetivo principal es mantener el forraje para los animales, el pastoreo regenerativo utiliza intencionalmente el ganado para restaurar los pastizales degradados.
Otro principio clave es lo que Laizer denomina gestión holística, basada tanto en la cantidad de tiempo que el ganado pasa en una zona determinada como en la densidad de animales que pastan en ella.
Esto ayuda a garantizar un pastoreo uniforme, mejora la salud del suelo mediante la concentración de estiércol y rompe las superficies duras del suelo para mejorar la infiltración del agua.
“Ya no pastamos simplemente porque sí”, afirma Laizer.
No existe una definición única y consensuada de pastoreo regenerativo. En cambio, subraya Laizer, su significado y sus métodos están muy localizados, moldeados por las necesidades y tradiciones de cada comunidad y ecosistema.
“Lo que cuenta como pastoreo regenerativo en África Oriental podría ser diferente de lo que se ha aplicado en los pastizales americanos o en Mongolia”.
El principio básico, añade, es que el pastoreo regenerativo debe aportar beneficios ecológicos y sociales tangibles, yendo más allá del pastoreo tradicional al regenerar activamente la tierra e implicar a las comunidades locales en la toma de decisiones.

El pastoreo regenerativo implica varias prácticas coordinadas para gestionar el movimiento del ganado y los patrones de pastoreo de forma intencional.
Una de estas prácticas es el pastoreo rotativo, en el que la tierra se divide en potreros y el ganado se desplaza sistemáticamente para permitir la recuperación de la vegetación y la mejora del suelo.
El pastoreo de alta densidad y corta duración ayuda a compactar el suelo y a abonarlo con estiércol, mejorando la estructura del suelo y el ciclo de los nutrientes. Este enfoque imita los movimientos naturales de los rebaños y evita el sobrepastoreo, una de las principales causas de desertización de los pastizales.
“Queremos asegurarnos de que al menos la hierba se pastorea uniformemente”, explica Laizer.
Otra práctica consiste en reservar ciertas zonas como bancos de forraje (llamados localmente alalili u olokerin), donde el pastoreo está restringido durante temporadas específicas para garantizar la disponibilidad de pastos durante todo el año y ayudar a aumentar la resistencia contra la sequía.
Los corrales nocturnos móviles son recintos temporales para el ganado que se instalan en terrenos desnudos o degradados. Los animales pasan allí la noche, concentrando el estiércol y pisoteando el suelo, lo que potencia la fertilidad y aumenta la infiltración del agua cuando llueve.
Otro ejemplo es el cercamiento visual y el ordenamiento territorial comunitario. Se utilizan marcadores visuales, como árboles o elementos del paisaje, para definir los límites de los prados, y los acuerdos comunitarios dictan los horarios de pastoreo y los desplazamientos, garantizando la adhesión colectiva y reduciendo las tensiones y los conflictos.
“Todas las comunidades tienen que estar de acuerdo”, dice Laizer. “Deben tener un sistema estructurado en el que acudan conjuntamente a decidir cómo, cuándo y dónde pastar”.

Los pastizales almacenan hasta el 30% del carbono terrestre, según una estimación de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).
El pastoreo regenerativo podría permitir sistemas ganaderos neutros en carbono o incluso positivos en carbono, ya que los pastizales sanos capturarían más carbono del que emite el ganado.
Al pasar de una ganadería de altos insumos e intensidad a un ganado alimentado con pasto que se mueve de forma más “natural”, las prácticas de pastoreo regenerativo acumulan materia orgánica (y, por lo tanto, carbono) en el suelo y proporcionan hábitats a otras especies.
Según Laizer, los pastizales gestionados de forma regenerativa en África Oriental han demostrado potencial para secuestrar entre 0,5 y 2 toneladas de carbono por hectárea al año, dependiendo de las precipitaciones, la sequía y el cumplimiento de los planes de pastoreo.
Sus defensores también sostienen que el pastoreo regenerativo mejora la estructura del suelo, aumenta la infiltración del agua y restaura la cubierta vegetal.
Esto, a su vez, puede combatir la degradación del suelo, mejorar la calidad del hábitat y restaurar la biodiversidad recuperando especies autóctonas.
“Desde que el rancho Manyara empezó a practicar el pastoreo regenerativo, ahora hay más fauna salvaje que ganado”, afirma Laizer. “Hemos empezado a ver el regreso de la población de animales salvajes, como cebras, gacelas: empezaron a volver a los pastizales porque ahora hay pastos”.
Laizer añade que las comunidades también reportan la reaparición de especies de hierba autóctonas y de organismos de suelo, como lombrices, lo que indica una mejora de la salud y la resistencia del ecosistema.
Un ganado más sano y productivo ha impulsado los ingresos locales, de la mano de una mejor gestión de los recursos ―a través de a una planificación conjunta del uso de la tierra―, normas más explícitas y la participación de la comunidad. Estas prácticas también han fomentado la confianza y la cooperación y han ayudado a resolver conflictos.
“[Con la planificación del pastoreo regenerativo,] se ha resuelto el conflicto entre la comunidad agrícola y la comunidad ganadera“, afirma Laizer. “Una vez que tenemos paz, la producción y las actividades económicas van sobre ruedas”.

La eficacia del pastoreo regenerativo depende en gran medida de las precipitaciones y de los patrones climáticos.
Según Laizer, las sequías graves y una gestión deficiente pueden revertir rápidamente los avances, convirtiendo los pastizales en desiertos en el plazo de un año y devolviendo a la atmósfera el carbono almacenado.
Los sistemas de pastoreo rotativo también requieren considerables recursos técnicos y financieros para su implementación. Esto incluye un profundo conocimiento de las especies locales de pasto y de los momentos óptimos para el pastoreo, el acceso al agua e importantes inversiones en formación, cartografía de tierras, dotación de personal y apoyo a los comités comunitarios.
“Los cambios en el panorama del financiamiento han afectado a muchos programas, sobre todo en la parte oriental del continente”, señala Laizer.
Otro reto clave es el involucramiento de la comunidad. A menudo las comunidades tardan hasta dos años en organizarse plenamente y adoptar nuevos sistemas, si es que lo hacen.
“Si [las comunidades de los pastizales] no siguen el plan, si pastan tradicionalmente en este nuevo sistema, están creando más problemas de los que resuelven”.
Uno de los obstáculos es la falta de confianza. Laizer afirma que existe un temor generalizado al acaparamiento de tierras entre las comunidades maasai, especialmente en zonas donde previamente los gobiernos han tomado tierras sin su consentimiento para proyectos de conservación y compensación de carbono. Los acuerdos y objetivos poco claros pueden provocar reacciones y resistencia por parte de las comunidades locales.
“Aunque el programa sea bueno, nos cuesta aplicarlo porque las comunidades siempre tienen miedo de que busquemos la manera de quitarles sus tierras”, explica.
La falta de una definición de pastoreo regenerativo aceptada universalmente permite a las empresas y organizaciones ecologistas abusar y manipular el término, utilizándolo para hacerle “maquillaje verde” (‘greenwashing’) a los sistemas agrícolas actuales.
Para Laizer, lo que distingue a los proyectos auténticos es la transparencia, el consentimiento y el involucramiento de la comunidad, y pruebas claras de los resultados: “Un pastoreo regenerativo legítimo es el que respeta a la gente de la tierra y es aceptado por la comunidad”.
Para que los pastizales y los medios de vida de los pastores prosperen, la agricultura regenerativa debe basarse en los conocimientos locales y en una auténtica participación comunitaria. También debe priorizar la colaboración y garantizar un reparto equitativo de los beneficios.
A pesar de las importantes dificultades de implementación, Laizer sigue siendo optimista.
“Las comunidades son receptivas, más bien a la fuerza, porque el cambio climático es real y queremos encontrar una forma de adaptarnos”, afirma.
“Una vez que se permite a las comunidades tomar la iniciativa y sentir el proyecto como propio, es realmente posible lograr un cambio; si no se las involucra como beneficiarias, sino como socios importantes”.
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